El escrito refleja la capacidad de descripción, análisis y argumentación de quien lo hace y por ende del conocimiento o saber de un tema.
El escrito técnico se debe utilizar adecuadamente, al momento de la descripción de una evidencia; sin embargo, para dar explicación u opinión a la autoridad, o al lector (en la opinión pericial), la escritura se debe tornarse sencilla, clara, ordenada y concreta; transformando el contenido científico de una profesión en un lenguaje asequible a los funcionarios que determinan una posición frente a un litigio. Lo que con frecuencia observamos, por ejemplo, son frases o párrafos que se repiten en los informes, usados en exceso, sin un sentido o expresiones que actúan como comodines, donde no hay interpretación de los hallazgos ni argumentación de las hipótesis planteadas.
Además de las contradicciones que pueden ocurrir cuando se escribe la misma lesión en varios acápites de un informe, la lectura, para el selecto grupo de quien requiere el informe se torna aburrida por falta de contenido, más allá de la descripción de unos hallazgos; por ejemplo, en un informe pericial de necropsia, se hace una descripción detallada y técnica en los apartes del examen del cuerpo y en iguales términos en el acápite de los principales hallazgos de la necropsia y en la opinión pericial, desconociendo el objeto de cada ítem.
Uno de los objetivos de un informe pericial es ayudar a esclarecer un hecho delictivo y es independiente de, si se es llamado o no a un juicio oral; ésta es la razón de ser del perito y su informe la carta de presentación. Si los informes periciales son incomprensibles, repercuten en el juicio oral, no le va a ir bien ni a la parte que lo solicita, ni al perito y se pierde la credibilidad del funcionario que lo realiza.
Escribir un informe pericial de tipo forense es un arte de convertir hallazgos, de por si mismos, complejos en palabras, explicaciones e ideas sencillas, claras y concretas, sin perder la esencia científica de la labor.