Julián Giraldo y la obsesión por hallar un nombre

Fecha de publicación: 2012-04-12

La tumba de Willington Cáceres* no tiene lápida. Una sencilla capa de cemento en la que alguien escribió con un palo, marca la zona en la que están los restos de un hombre que un día fue hijo, esposo y padre. Pero al menos tiene nombre. Su viuda, Marta Pérez * que llevaba más de 6 meses buscando al esposo que un día se fue para no volver de su casa en Sevilla, Valle; dice que en medio de tanto horror ese es el único consuelo que le queda.

Esto se logró gracias a que Julián Giraldo, un técnico forense de la Unidad Básica Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en el municipio, se encontró con el caso del cadáver de un hombre que fue muerto por impacto de proyectil de arma de fuego en su cabeza y del cual no se tenía identidad y decidió a pesar de las dificultades,  trabajar por la identificación del hombre y la ubicación de su familia.

"El caso nos llega y comenzamos a trabajar para encontrar la identidad de este hombre que tenía dos tatuajes y a quién la fauna cadavérica había devorado sus ojos y parte de su cara".

Con equipos suministrados en otra sede del Instituto se logró en menos de un mes, la identificación del hombre: su nombre era Willington Cáceres* y no había sido reportado como desaparecido.

Tras realizar la inhumación del cadáver, Julián decidió poner su empeño en encontrar a seres queridos de Willington.

"Conseguimos una ropita, un espacio en el cementerio central, lo enterramos y le hicimos una oración, pero para nosotros es importante encontrar la familia del señor, porque tal vez aún lo estaban buscando", agrega Julián.

Y no se equivocaba. Martha seguía tras la pista de su esposo y nadie le daba razón.

"Decían que había estado trabajando en diferentes fincas, en cafetales, pero nadie me daba una razón exacta de su ubicación".

Como escuchando el clamor de Martha, Julián comenzó a buscar información en Planeación Nacional, en la Secretaría de Salud, en fincas y barrios de Sevilla y sus alrededores buscando al menos una pista de un familiar de Willington.

Incluso, llegó a recorrer uno de los barrios más peligrosos del municipio, uno a donde los taxistas no quieren ir, a donde nadie quiere subir, porque es frecuente ser víctima de un robo o cualquier tipo de asalto.

"Luego de dar muchas vueltas, de confirmar que el señor no estaba afiliado al sisben, de conocer que tenía una esposa y un hijo y que su mamá residía en otro departamento, logramos ubicar una finca en la que al parecer, su esposa laboraba por días y hasta allá llegamos".

La búsqueda tuvo un resultado positivo. La dueña de casa le informó a Julián que en efecto, Martha trabajaba allí y que ella le contaría que de Medicina Legal la buscaban.

Cuando la preocupada mujer, oriunda del departamento del Quindío, enseñada a trabajar en labores de hogar para sacar adelante a su hijo, recibió la información de que era posible que su esposo hubiese sido encontrado muerto la angustia se apoderó de su ser.

"Al día siguiente fui a Medicina Legal y el señor Julián me mostró unas fotos con las que supe que era mi esposo. Alguien lo había matado y yo lo hacía perdido, pero vivo. Fue un dolor muy grande".

Tras 2 meses de búsqueda la tecnología de Medicina Legal y el empeño del funcionario encargado del caso lograron establecer no solo la identidad de una persona sino la ubicación de su familia.

Willington era uno de los cadáveres que llegaron como no identificados y que gracias a la labor del Instituto pudo recobrar su identidad.

"Aunque el dolor no se va, sí es un alivio saber en dónde está, porque de no ser por el trabajo de Medicina Legal yo todavía lo estaría buscando. Ahora mi trabajo es luchar por mi hijo al que todavía no he tenido el valor de contarle que ya no volverá a ver más a su papá, que nos lo mataron".

*Nombres cambiados a petición de la entrevistada.